Voy en la camioneta pensando en mis cosas, resolviendo mis problemas y volviendo a pensar y a veces no me fijo en la gente y en lo que estará pensando y empiezo a imaginar que la señora que va tomada de la mano de su niño y que va al mercado a comprar lo del almuerzo y que ha cocinado por 15 años a su familia y que posee un recetario tan amplio pero que a la hora de comprar lo necesario no se le viene nada a la cabeza y así le pasa todos los días. O el chavo medio rasta que pensó y repensó como iba a salir vestido a la calle para mostrar al mundo que nada le importa y que estrena su nuevo look y que sabe que todos lo ven raro cuando subió a la camioneta. O la vendedora de chicles que sube en la misma parada de la Muni y que ya su cara esta tostada por el sol y repite lo mismo todos los días, porque sabe que con lo que lleva a su casa le alcanza para darle de comer a sus niños y dormir tranquila una noche. O el predicador que pregunta a su audiencia que no pidió que subiera a la c...
Puros platillos pasados.