De esto he hablado mucho con don Lester (el viejo ese de 30 años que se sienta dos lugares después del mío), de cómo se vivía ese movimiento rockero de principios de los noventas, ese renacer de la juventud guatemalteca que finalmente empezaba a tener espacios para expresarse, que finalmente podía asistir a eventos en los que se podían expresar libremente fuera cual fuera su credo o su filosofía de vida. Es increíble ver un concierto como este de Libertad de Expresión, ver la convocatoria que tenían estos eventos de la década pasada, ver la cantidad de seguidores de la música local, oir lo novedoso que parecía en ese entonces, el sonido y la bulla que se armaban las bandas y que armaban de las cenizas de un conflicto armado y no sé qué otras muladas, himnos de libertad que le cantaban a la vida (esa perra que va y viene y nunca tiene respiro), que salían del corazón de una ciudad convulcionada desde el centro de un país tercermundista que recién empezaba a madurar y a abrir los ojos a ...
Puros platillos pasados.